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Aprendizaje de Computacion

Noviembre 21, 2009 por Coro
Aprendizaje de computación
Autor: Arnaldo Coro Antich | Publicado originalmente en: CUBARTE

Es frecuente que el teléfono suene y del otro lado de la línea una voz nerviosa, e incluso a veces agitada me salude brevemente para enseguida pedir ayuda con urgencia.

Ay … la computadora se acaba de trabar, primero se quedó la misma imagen en la pantalla y nada la hizo cambiar. Al apagarla y volverla a encender no se despierta, la pantalla sigue oscura y figúrate tú que estaba dando la última revisión a un articulo que tengo que entregar mañana.

La respuesta no se hace esperar, tratando siempre de infundir calma y sosiego en la víctima de la posible avería de la máquina que hoy en día sustituye, entre otras muchas funciones, a la clásica máquina de escribir mecánica…

Si, esa misma, la que no necesita electricidad, la que no tiene ratón, ni tarjeta de red, ni muchos menos pantalla y que cuando se interrumpe la electricidad sigue funcionando tan bien como siempre.

Para saber un poco más sobre lo que ocurre a la atribulada amiga que llama para saber que puede hacer a fin de volver a hacer funcionar a su computadora digital, tengo preparada una tarjeta impresa en la que leo una larga lista de preguntas
imprescindibles para tener al menos una idea de lo que está pasando del otro lado de la linea telefónica.

Al final de las cuarenta y tantas preguntas hay una que considero de suma importancia, pues me sirve para tener una mejor idea acerca de las decisiones que habrá que tomar para intentar resolver la avería, sea este del equipo en si – hardware- o una falla relacionada con la programación – software – incluyendo como es lógico la posibilidad de infección por malware.

Esta última pregunta deja casi siempre atónitos a los interlocutores: ¿Y cómo aprendistes a trabajar con la computadora? ¿Pasastes uno o varios cursos de computación, o simplemente fuiste dando tumbos, aprendiendo a base de dedicar muchas horas glúteos sentada o sentado frente a la pantalla, el teclado y el ratón?

No se sorprendan con el resultado de esta pregunta… porque lamentablemente una gran mayoría de los profesionales cuya edad oscila entre 30 y 70 años, responde diciendo que fueron las horas glúteos la vía principal de un tortuoso, inseguro, frustrante e incluso peligroso proceso de aprendizaje.

No cabe la menor duda acerca de la necesidad imperiosa de diseñar Cursos Remediales dedicados al aprendizaje, en primer lugar, de los elementos básicos de computación, tanto lo relacionado con los equipos en si, como los que se deben dedicar a enseñar lo más posible sobre los sistemas operativos.

Estos Cursos Remediales para Adultos Atribulados, tienen que incluir una segunda parte en la que se explique paso por paso y con toda claridad los elementos básicos sobre los principales programas de computación. Esos en que la gran mayoría de las personas creen casi siempre que saben, pero que la vida misma demuestra que solo son capaces de apenas sacarles un mínimo de provecho y mucho menos resolver los problemas que se puedan presentar.

Una interesante experiencia docente realizada hace unos dos años, impartiendo un primer curso con estas características, confirmaba lo que ya conocía por la practica diaria y por supuesto por la gran cantidad de consultas cara a cara, así como las llamadas de terror que en no pocas ocasiones me han sacado del sueño.

Aquí va un ejemplo tomado de la vida real …

Hay que pena … no me había dado cuenta que son la una de la mañana… pero bueno, como te podrás imaginar, cuando la computadora dejó de funcionar después que se fue la electricidad y vino de pronto enseguida, me asusté muchísimo. Ahora resulta que no se despierta, no abre …

Lo que acaban de leer fue casualmente grabado, por lo que pude transcribirlo. La grabación fue casual, pues al recibir la llamada estaba preparando para editar un fichero de audio y al oír la voz de un buen amigo, bien nervioso por cierto, se me ocurrió la idea de registrar para la posteridad lo que estaba prácticamente seguro que tenia que ver con la Pentium 4 que hacia apenas dos semanas había sustituido a su primera máquina con la que venia trabajando hacia ya varios años.

Mi respuesta al amigo no se hizo esperar, aunque por lo avanzado de la hora no lo sometí al interrogatorio de casi tercer grado escrito en la tarjeta que mantengo en la gavetica debajo del teclado. En este caso, le transmití consuelo y esperanza,
atreviéndome a decirle, a riesgo de equivocarme, que su preciado más reciente libro a punto de terminarse podría ser
rescatado.

Por supuesto que no pude resistir la tentación de ir a la pregunta número 17 de la tarjeta y, aunque estaba casi seguro de la respuesta le dije: ¿Oye, y has mantenido al día las copias de respaldo de tu libro a medida que lo has ido escribiendo?

Por supuesto que una larga pausa, un silencio casi sepulcral fue lo que recibí por respuesta seguido de la también clásica pregunta ¿Copia de qué…. ? A lo que contesté enfatizando mediante un deletreo silábico… copia de res- pal – do,
pasando a explicar brevemente que como lo que se está escribiendo está solo sobre un soporte electrónico, se puede perder en unas pocas milésimas de segundo, desapareciendo para siempre en el vacío ignoto del mundo digital

Ah… y como se imaginarán, mi nerviosisimo amigo no se salvó de la última pregunta de la tarjetica, la que dejo siempre para el final en estos casos…

Sí, esa misma que está pensando, mientras las señales emitidas por su cerebro indican a los músculos faciales que deben sonreír picarescamente…

¿Cómo fue que aprendiste a trabajar con la computadora?¿Pasaste uno o varios Cursos de Adiestramiento en hardware y Software o te adentraste en los torbellinos de unos y ceros digitales por la vía de la improvisación, es decir a través de muchas horas glúteos?

La respuesta no se hizo esperar, y así, en el siguiente Curso de hardware y software para Periodistas, voy a tener otro alumno más.

Epilogo Uno: El libro casi terminado de mi amigo, menos un par de páginas que había escrito poco antes del súbito cambio de voltaje, desconexión y reconexion de la corriente se salvó como de milagro.

Epilogo Dos: A partir del día en que fui a su casa a tratar de recuperar la información y de hecho reparar la computadora, le adelanté la clase del curso correspodiente a la conservación y preservación de la información digital, algo que mi nuevo alumno ya pone en práactica, grabando salvas incrementales en el propio disco duro de la computadora y quemando un disco compacto que se mantiene siempre listo para grabar, cada vez que termina su jornada de trabajo.

Epilogo Tres: La máquina de mi amigo cuenta desde un día después de la sofocante recuperación del libro, con un protector de los empleados para preservar de las subidas y bajadas de voltaje a los refrigeradores, un sencillo aparatico electrónico que no debe faltar en ninguna computadora instalada en una vivienda.

Epilogo Cuatro: Sí, soy el feliz poseedor de uno de los primeros ejemplares del libro de mi amigo, con una dedicatoria de esas que lo dejan a uno muy, pero muy feliz de haber podido contribuir en alguna medida a la obra.

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